Ha terminado el curso. Hemos hecho las memorias, el mejor momento para pensar qué ha funcionado, qué podemos mantener, incorporar o eliminar el que viene.

Afortunadamente, en verano se nos olvida casi todo. Digo afortunadamente con el cansancio acumulado del año, pero también la paz de haberlo intentado.

Este curso, me ha tocado insistir en técnicas de estudio. Sin un buen manejo de material, no hay base de datos. Sin base de datos, no podemos trabajar, así de sencillo. Además, es útil para el futuro, que luego llegan los exámenes externos y todo cuenta.

La clave es no reducir la escuela a conseguir memorizar datos, sino contemplar esa base como trampolín para aprender más y mejor. O sea, para poder nadar, primero hay que aprender a flotar, pero se puede aprender de varias formas, no todas tienen que ser tediosas. Además, es la garantía de hacer marcas en el futuro. Hasta aquí lo menos “amable”

Otra cosa que, como cada año, me ha hecho disfrutar muchísimo: el trabajo libre, el proyecto que llega, hecho en casa o en los recreos, porque sí, “porque me encanta el tema y así lo cuento a mis compas”. Siempre me aseguro de decir: “tu ya sabes que no tienes que hacerlo, que lo haces porque quieres, ¿verdad?”

Cada día me convenzo más de la riqueza del estos proyectos espontáneos; es cierto que a veces hay que poner freno a algunas personas. Si no, copan el tiempo destinado a este tipo de presentaciones; pero también es importante aprender eso: espera tu turno.

Ventajas de este tipo de proyectos.

1.Referencia de dónde está el alumno, por tanto, feed-back inmediato y a la carta, especialmente mientras se está haciendo, pero también en el momento de su presentación.

2.Posibilidad de valorar la iniciativa del/la estudiante. Ocasión, por tanto, de estimularla. No hablemos de la creatividad

3.Momento clave para potenciar a quien es mas tímido/a y contribuir a que su lugar en la clase mejore. Esto ayuda a que se sienta valorado/a.

4.Hacer un “debate” sobre lo que más nos gustó y lo se podría mejorar. Generalmente, no repetimos el mismo error si se ha corregido y comentado. (No olvidemos hacerlo de forma delicada).

5.Con respeto por el esfuerzo del otro y cariño para expresar lo que puede hacerse mejor. Me gusta dar las gracias, lanzo el mensaje de que me ayudan con las clases.

6.Progresión, reto, despliegue son algunos términos que utilizaría para expresar lo que veo en clase. Está claro que muchos de los trabajos que llegan son pobres, pero hemos establecido una rutina que ayuda a que mejoren: nunca se presentan sin haber pasado una revisión por mi parte, en la que se apuntan cambios concretos y orientación personalizada.

Reconozco que no me cuesta sacrificar recreos para facilitar momentos en que puedan trabajar en equipo, preguntar, pedir ideas. Los estudiantes se sienten apoyados y, como no hay dos trabajos iguales, cada alumno siente un trato personalizado. Además, se muestran mucho más relajados que en clase, admiten mejor cualquier sugerencia, el tiempo no apremia y eso se nota.

Realmente se ve evolución. Recordemos que, en adelante, cada vez más, se va a pedir a los estudiantes una participación más activa, con trabajos en equipo y creación de material, estructura coherente y organización. Esta práctica es, en todo caso, rentable.

¿Conoces los trabajos de Hattie?