Hace casi un año, con el fin de poder desarrollar el modelo de la clase invertida en mis asignaturas, decidí empezar a grabar vídeos para mis alumnos. Así, además de facilitarles el acceso a las explicaciones en cualquier momento y en cualquier lugar, podía desarrollar proyectos en el aula que, de otra manera, no me hubiera dado tiempo a llevar a término.

Sin embargo, mis estudiantes suelen criticar de manera habitual la duración de los vídeos. Y eso que muchos de ellos reconocen que prefieren este sistema a uno “tradicional”, e incluso algunos señalan que les gusta ver a su profesor en YouTube.

Por ese motivo, ahora que comenzamos el segundo trimestre, me he lanzado a hacer lo que llamo mini-vídeos. Es decir, explicaciones grabadas en las que intento no pasar de los cuatro minutos; aunque no siempre lo logro.

Hay que aclarar que no se trata, en ningún caso, de reducir el temario. Basta con dividir en varios vídeos distintos los contenidos pensados para una explicación, por ejemplo, de doce minutos. Los alumnos se enfrentan a la misma cantidad de información y dedican el mismo tiempo que antes para la visualización del material. Ahora bien, les da menos pereza porque se ven más capaces de aguantar la atención en periodos más cortos.

Para ilustrar lo que vengo comentando, dejaré aquí tres ejemplos de mini-vídeos: