En el mundo laboral, los trabajos rutinarios, que implican conocer paso a paso un conjunto de tareas que se deben repetir todos los días, están cediendo espacio, de manera cada vez más acelerada, a aquellas labores que requieren de nuevas y renovadas habilidades. Aquella propuesta de las 4C’s de las habilidades para el siglo XXI (colaboración, comunicación, creatividad y pensamiento crítico), ha ido tomando relevancia entre lo más deseado por los empleadores. Sin embargo, también han incrementado las críticas hacia los jóvenes practicantes que parecen estar muy lejos de contar con dichas habilidades. Mientras el mundo laboral es siempre dinámico y adaptativo, la escuela parece no haber leído las señales que la deberían motivar al cambio.
El experto en innovación educativa de Harvard, Tony Wagner, va más allá de las 4C’s y propone 7 habilidades de supervivencia:

  1. Pensamiento crítico y resolución de problemas
  2. Colaboración a través de redes y liderazgo por influencia
  3. Agilidad y adaptabilidad
  4. Iniciativa y emprendimiento
  5. Comunicación efectiva, oral y escrita
  6. Acceso y análisis de información
  7. Curiosidad e imaginación

Ahora, para poder lograr el desarrollo de dichas habilidades es necesario un cambio de mentalidad; tener una mirada hacia el aprendizaje relacionada más con el hacer que con el atender (ver y escuchar de forma pasiva). De acuerdo con el K12 Lab Network Wiki, las comunidades educativas necesitan de un cambio mental:

  • Centrado en las personas
  • Consciente del proceso
  • Cultura del prototipado
  • Sesgo hacia la acción
  • No decir, mostrar
  • Colaboración total

Es justo aquí donde puede entrar a tallar el Design Thinking, de forma perfecta; pues es capaz de proveer a los estudiantes de las estrategias necesarias para dar rienda suelta a su capacidad creativa de forma estructurada. A través de un proceso de 5 etapas (empatizar, definir, idear, prototipar y testear) los estudiantes muestran ser competentes para resolver un problema empleando pensamiento de diseño, desarrollando habilidades blandas (o las habilidades de superviviencia de Wagner), y cambiando su mentalidad, oréntandola a hacer por encima de memorizar. Este trabajo de diseño podría formar parte de una sesión de aprendizaje bajo la metodología de aprendizaje basado en proyectos o casos, por citar ejemplos; y todo aquello que el alumno puede hacer solo, lo haría solo pero en casa, llevando a la clase sus aprendizajes y dudas para empezar el proceso de idear y testear.

El enfoque de aprendizaje invertido puede contribuir a que la experiencia de aprendizaje en el aula -haciendo y no observando- tenga mucho más tiempo y esté diseñada sobre la base sólida de contenidos conceptuales mínimos necesarios para asegurar el nivel de partida; además de promover que las iniciativas o prototipos, vayan más allá del aula.

A su vez, el Design Thinking puede lograr que la experiencia de aprendizaje, mientras se resuelve una situación problemática, sea gratificante, ordenada, estructurada, esquemática, dando libertad a la creatividad y la colaboración.

Estoy convencido de que estos dos “titanes” juntos, sumados a las herramientas TIC, pueden lograr cambios significativos en los procesos de aprendizaje, sumando a las habilidades, procesos estructurados y un cambio de mentalidad que puede marcar la diferencia en el futuro de un niño o adolescente.