Transcribo aquí de forma completa una entrevista que me hicieron para un medio de comunicación nacional y del que extrajeron luego solo algunos fragmentos:

¿Cuáles creen que son las nuevas habilidades que los niños y niñas deberían dominar al acabar la escuela? (tanto desde el punto de vista académico como no-académico)

Comenzaré por una auto-crítica: si en el año 2016 todavía estamos debatiendo cómo debe ser el aprendizaje del siglo XXI, significa que miopía permanente ha nublado lo que debería ser una visión previa, o, dicho de otro modo, que ya hemos perdido 16 años…

El Aprendizaje en el siglo XXI y, por tanto, las habilidades con las que deberían contar los estudiantes al acabar la escolaridad (si es esta realmente relevante) deberían suponer el manejo con soltura de la producción, síntesis, evaluación e información de distintos temas y fuentes, con la comprensión y el respeto hacia las diversas culturas, y utilizando para ello herramientas “modernas” (el problema es que lo que es moderno en el año 2016 se ha acelerado mucho más allá de 2000 y esa será una progresión imparable). Además, deberían haber trabajado y potenciado sus habilidades para la creatividad, la comunicación y la colaboración.

El Aprendizaje del siglo XXI se basa todavía en concepciones “tradicionales” como “el conocimiento básico de las materias”. Este estudio debe ser, sin embargo, orientado al mundo de hoy, en el que la perspectiva global y las habilidades de colaboración son fundamentales. Por tanto, no es suficiente “conocer o “saber cosas”, ahora es necesario que los estudiantes utilicen la información a su alcance y el trabajo en equipo (a través de un enfoque social “de verdad”) para lograr más que lo que un individuo puede por sí solo. En definitiva, podemos resumir estas nuevas habilidades en cinco grandes bloques: en primer lugar, el trabajo con los contenidos “clásicos” (ciencias, artes, idiomas, disciplinas sociales…); en segundo lugar, el desarrollo de habilidades de aprendizaje e innovación necesarias para moverse en entornos de vida y de trabajo cada vez más complejos; otro bloque lo constituiría el manejo en un entorno de tecnología y medios de comunicación que proporciona acceso a una gran cantidad de información, el intercambio rápido de herramientas de la tecnología, y la capacidad de colaborar y hacer contribuciones eficientes y relevantes. Por último, los estudiantes de hoy necesitan desarrollar habilidades de pensamiento, el conocimiento del contenido y las competencias sociales y emocionales para moverse en ambientes de vida y de trabajo cambiantes y que les van obligar a “aprender”, “re-aprender” e incluso “des-aprender” de modo continuo.

2) ¿Podría establecer un top 3 de estas habilidades y explicar porqué las han colocado en este ránking? 

  1. La capacidad de Aprender a aprender: diseñar entornos de aprendizaje personalizados acomodados a situaciones cambiantes. Este es el signo de los tiempos que ya nos está tocando vivir.
  2. Desarrollar una conciencia global: Aprender y trabajar en colaboración con individuos que representan diversas culturas, religiones y estilos de vida, en un espíritu de respeto mutuo y el diálogo abierto personal, laboral y en contextos comunitarios. Esta habilidad es una consecuencia lógica de la globalización.
  3. La capacidad de reinventarse de modo continuo: lo que ayer servía, hoy no sirve.

3) ¿Por qué es necesario darle la vuelta a la clase? Un tema del que se habla mucho hoy y que ustedes son representativos.

La expresión “darle la vuelta a la clase (o al aprendizaje…)” tiene un doble sentido. Por un lado, constituye el mensaje fundamental del modelo Flipped, (Clase inversa, clase al revés…), que supone transferir el trabajo de determinados procesos de aprendizaje fuera del aula y utilizar el tiempo de clase, junto con la experiencia del docente, para facilitar y potenciar otros procesos de adquisición y práctica de conocimientos dentro del aula.

Se trata, por tanto, de un enfoque integral que combina la instrucción directa con métodos constructivistas, el incremento de compromiso e implicación de los estudiantes con el contenido del curso y mejorar su comprensión conceptual. Es este un enfoque integral que, cuando se aplica adecuadamente, apoya todas las fases de un ciclo de aprendizaje.

Por otro lado, podemos darle un sentido más amplio a “dar la vuelta” (ya en sentido figurado) y entenderla como una visión de la educación que cuestiona muchos de los elementos “tradicionales” en las aulas de hoy en día; como las rutinas, las metodologías empleadas, el sentido de las tareas escolares, el papel de la tecnología, la orientación que hay que dar a la evaluación, la comunicación familia-escuela, el rol del docente… en definitiva, y dicho de una forma coloquial, “poner patas arriba” la concepción actual de la educación.

4) La nueva educación aboga por poner el niño en el centro de su aprendizaje: ¿Ello no pone aún en una mayor posición de desventaja al profesor, cuya figura hoy está más cuestionada que nunca?

¿Pero “poner al niño en el centro de la educación” lo promueve la “nueva” educación?

Creo que los educadores tenemos que ser tremendamente críticos, empezando con nosotros mismos. Todos los que pretendemos estar impulsando tanto el flipped classroom, como las metodologías activas u otros sistemas, modelos o técnicas en esta línea, tenemos que ser conscientes de que NO ESTAMOS INVENTANDO NADA. Desde hace más de 100 años un gran número de psicólogos y pedagogos han estudiado y acuñado términos cono el Student Centered Learning o el Learner-Centered Education. Autores como Rogers, Giroux, Steinberg, Gagné, Dewey y muchos otros nos hablan de cómo “poner al estudiante e el centro del aprendizaje”

¿Y si nos vamos mucho más atrás? ¿No era el modelo griego un modelo centrado en el concepto maestro-discípulo? ¿No es ese el ideal de una educación personalizada? Nuestro único mérito como “recuperadores” de esta manera de ver la educación es que la adaptamos a los estudiantes de este siglo, y gracias al uso RACIONAL de las tecnologías digitales, podemos diseñar entornos educativos en los que los alumnos sean los protagonistas de sus propios aprendizajes.

Esto supone mejorar la interacción estudiante-profesor, es decir, las oportunidades para el “Real-Time Feedback” (retro-alimentación formativa) con las que pueda seguir su propio ritmo en función de sus necesidades. Debemos pues diseñar y desarrollar tareas más significativas; alterar la naturaleza de la tarea de forma que los estudiantes practiquen y apliquen su aprendizaje en el aula…Por todo ello, el papel de los docentes se presenta como mucho más importante, relevante y significativo de lo habitual y desde luego, lejos de ser CUESTIONADO, debe ser IMPULSADO, para ello la formación y la información dada al docente es clave en el proceso de innovación metodológica que esto debería suponer.

La mayoría de las herramientas tecnológicas que actualmente están a disposición del profesorado se caracterizan por un manejo intuitivo y sencillo; sus aplicaciones hacen que no sea necesaria una excesiva formación técnica, si bien una primera introducción puede resultar indispensable en el caso del profesorado “no nativo” desde el punto de vista digital.

Por ello, nos encontramos ante un reto inaplazable para centros y profesores de cuya resolución depende, a mi juicio, el modelo educativo para las futuras generaciones. La visión y gestión de estos elementos por parte de los directivos de los centros escolares son elementos clave en este proceso.

5) ¿Cuál es el papel de las familias en la adquisición de estas nuevas habilidades y, también, qué otras habilidades que antes teníamos no se están fomentando?

Igual que el rol de los docentes, el de las familias también se debe adaptar; no se debe perder la esencia de lo fundamental. Aunque esta es una frase ya un tanto manida, no por ello podemos obviarla: “la responsabilidad en la educación recae en las familias, la escuela solo es colaboradora en este proceso”. Familia y escuela deben caminar unidas en este proceso.

En este sentido, yo agruparía estas “habilidades en tres grandes funciones:

Comunicadores: Una comunicación bi-direccional efectiva entre la familia y la escuela es esencial, de modo que los padres pueden hacer un seguimiento de aprendizaje de sus hijos y el progreso en la escuela. Hay multitud de herramientas para hacerlo, de esta manera pueden orientar a sus hijos en temas personales y educativos. Por tanto, el conocimiento de las herramientas tecnológicas habitualmente empleadas por nuestros hijos dentro y fuera de la escuela es esencial, conocer sus ventajas, peligros e implicaciones.

Los padres y madres deben ser, además, “aprendices”: Esta función se centra en la adquisición de las habilidades y los conocimientos necesarios para ayudarles en su desarrollo cognitivo y social apoyando así a la escuela al enriquecer su propio modelo educativo.

En tercer lugar, destacaría el papel de los padres y madres, en el contexto mas didáctico inherente al aprendizaje en la escuela como “colaboradores”, lo que supone participar y colaborar con el personal de la escuela y los maestros para ayudar a resolver problemas, tomar decisiones y desarrollar políticas que hagan del sistema educativo algo más alineado, coordinado y eficiente.